MATTHYSSE, FIEL A SÍ MISMO

Frustrado y dolorido, la imagen de Lucas Matthysse en la lona dejó en claro la salvaje lógica del boxeo: a veces, para llegar a la gloria popular hay que dejar de lado la salud.

La imagen del final, con Matthysse recibiendo el out.

La imagen del final, con Matthysse recibiendo el out.

 

La anécdota ya esparte del boxeo nacional. Había pasado aquel increíble nocaut ante John David Jackson y ya en su hotel, Jorge Fernando Castro se enfrentó al espejo. La imagen reflejaba un rostro desfigurado, con los dos ojos deformados y cortados y una herida interna en la boca. “Me vi y me puse a llorar. Era un monstruo. Me la había jugado para seguir siendo campeón y estaba todo roto. Después pensé que nunca había sido demasiado lindo y siempre había podido ponerla; por eso me tranquilicé”, cerraba la descripción el Roña, fiel a su espíritu juguetón y prosaico.

Anoche, sobre el ring del Stunhub Center de Carson (EE.U.), a Lucas Matthysse le faltó esa irracional determinación que propone en su salvaje lógica el boxeo, aquella de inmolarse en la victoria. Es la que marca a los héroes populares, sin importar la salud o el futuro del personaje.

Ante el ucraniano Viktor Postol (28-0, 12KO), el chubutense demostró que no estaba cómodo desde la primera campana. Con un libreto que le armó Freddie Roach excelentemente aprendido, el europeo ofreció dos escenarios: o trabajaba de lejos, aprovechando sus más de 10 cm de ventaja en la altura, o trababa en cuanto Matthysse se le ponía piel a piel. Así lo fue sacando de libreto, desgastándolo física y mentalmente como hiciera hace dos años Danny García.

El argentino (37-4-0-1, 34KO-1PKO) recién pudo entrar en su zona de confort entre el quinto y el séptimo asalto, proponiendo los cruces y hasta conmoviéndolo a Postol con una derecha cruzada. Pero en ese séptimo round hubo un cabezazo que paró a la Máquina. Una vuelta más tarde, una derecha larga lo hizo girar sobre su eje a Matthysse y allí se fue mentalmente de pelea. Vacío, sin explosión, en el cierre del décimo recibió otra derecha cruzada sobre el pómulo y, sentido pero consciente, prefirió escuchar la cuenta de Jack Reiss hasta el out que le daba al inteligente Postol el cetro superligero CMB que estaba vacante.

“Postol me frustró mucho, no fue mi noche y sí la de él. En el piso no veía del ojo izquierdo. Podría haberme levantado pero me quedé en el piso para no perder el ojo izquierdo”, aceptó Lucas, a quien parecieron haberle dolido más las manos recibidas en sus batallas ante John Molina y Ruslan Provodnikov que las que le conectó anoche el ucraniano.

Nadie puede reprocharle a Matthysse (un amigo del perfil bajo que siempre prefirió la tranquilidad de Junín a las grandes luces de EE.UU.) haber tenido un momento de lucidez, pensando en el día después de colgar los guantes. Tal vez a contrapelo de lo que pide el negocio del dolor, antes de inmolarse en la esperanza de una soñada pelea ante Manny Pacquiao, el año próximo. Prefirió seguir el consejo de la canción de Almafuerte con la que caminó hacia el cuadrilátero: “Se vos”.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
‏@EPHECTO 

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