EL GYM, LA ÚNICA VERDAD

 

Enrique Sánchez, entrenador e historiador de boxeo, rememora el momento de oro del Gimnasio Stillman, verdadera joya neoyorquina en la época de oro del pugilismo. Allí se entrenaron de Jack Dempsey, Joe Louis y Ray Sugar Robinson.

Colo

Los dos rings del Stillman con el público que pagaba u$s 0,25 por día.

En los últimos años he visto distintos y a la vez novedosos sistemas de entrenamiento en los púgiles. En lo personal reconozco que he incorporado muy poco a la base de mi trabajo con los chicos (hablo de los estrictamente técnico), que se reduce a lo tradicional.

Hace unos días me llegó un video en el que se ve a Floyd Mayweather trabajando en una pileta de natación. Allí está corriendo en una cinta y hasta hace trabajos de manopleo con un ayudante bajo el agua.

Como buen “curioso de la historia” decidí interiorizarme sobre métodos de preparación en los viejos tiempos. Si bien la idea era investigar sobre boxeadores específicamente, finalmente centré el tema en lo que es lo más importante en la vida de un púgil, que es el gimnasio. Se habla muy poco de ellos, que son la verdadera fábrica de boxeadores. En los argentinos, rápidamente surge la imagen del Luna Park. Pero preferí ir más a fondo.

Entonces es cuando sale a relucir el que fue quizás, el gimnasio más famoso de todos los tiempos: El Stillman’s Gym, la Universidad del Boxeo, como se lo conoció, ubicado en el corazón boxístico de Nueva York, en el 919 de la 8° Avenida, a pocas cuadras del Madison Square Garden, a metros de la Revista The Ring, donde se cocinaba lo más importante del mundo del boxeo, porque eso era la gran manzana entonces, el centro del pugilismo mundial.

Alguna vez les conté sobre él. Abrió sus puertas en 1919. Durante cuatro décadas fue la catedral del boxeo. Un par de millonarios lo compraron y contrataron a un ex policía llamado Lou Ingber para regentearlo. Este, luego adoptó el apellido de uno de los dueños originales (Stillman), que era como todos lo llamaban, para evitar confusiones. Estaba destinado a ayudar a ex convictos a mantenerse fuera de las calles. Pero la llegada del gran peso ligero judío Benny Leonard allí, abrió las puertas a muchísimos púgiles, que eligieron el lugar para su preparación. Con los años, Stillman se adueñó del edificio, y el viejo gym se convirtió en el lugar donde se negociaban las grandes peleas, no solo en New York, sino en el resto de USA. Porque como dije allá arriba, en esos años, el boxeo era USA, y USA era New York.

Jack Curley, era el encargado, la mano derecha de Stillman, el que se ocupaba de que todo el mundo pagara 25 centavos para ingresar a ver. El mismo hombre que obligó a Joe Louis a abonar dicha suma en una ocasión en la que solo fue de visita. Lo mismo le pasó al campeón ligero Jimmy Carter. Él que impidió que el gran Gene Tunney abriera las ventanas para saciar su sofocación. El lugar estaba siempre con las ventas cerradas, muy sucio, donde el olor a sudor, el humo del cigarrillo le daban un aspecto muy cinematográfico. De hecho, el gimnasio aparece en el recordado film de Paul Newman, “Marcado por el odio”, que narra la vida del ex campeón mediano, Rocky Graziano. Cuentan que Stillman prefería tenerlo en esas condiciones, porque limpiarlo podía perjudicar la salud de los púgiles.

Stillman era un hombre de fuerte carácter, muy violento, que manejaba el sitio con manos de hierro. Se caracterizaba por andar con un revolver 38 en su cintura, que usaba de manera en que todos lo vieran. “Aquí no hay lugar para debilidades”, solía decir.

El edificio constaba de 2 plantas. En una, había 2 rings y en la otra, colgaban varias bolsas y un par de punching ball. Lou con un megáfono, desde un entrepiso, era quien indicaba quien guanteaba y cuando. Con solo esos elementos, por ese espació deambularon (y se forjaron) púgiles de la talla de Jack Dempsey, el nombrado Tunney, La Motta, Sugar Robinson (que cuando entrenaba, paralizaba el trabajo de los demás, porque todos querían verlo), Tony Canzoneri, Louis, Marciano, el mismo Leonard, Tony Zale, Kid Gavilán, Marcel Cerdán, Archie Moore, y muchos, muchísimos más. Quienes se consideraban “alguien” en el boxeo, pasaron por el Stillman.

Por otra parte, allí dieron sus primeros pasos en la dirección técnica, glorias como Angelo Dundee, Charley Goodman, Ray Arcel, Eddie Futch entre muchos otros. “Maestros” de boxeo, grandes estrategas. Sin piletas de natación, sin esas puestas en escenas que muchas veces son los manopleos, sin aparatos, sin nutricionistas, sin psicólogos, sin siquiera un lugar limpio, solo hambre, ganas, obediencia, y algunos elementos. Solamente eso hacía falta para “fabricar” joyas como las nombradas.

Cuando le televisión comenzó a hacer estragos en la actividad, y por consiguiente las veladas (que eran diarias en New York -de lunes a sábados-) comenzaron a mermar, el famoso templo cerró sus puertas. Corría el año 1959. El edificio fue demolido, Stillman se fue a vivir con su hija a California, donde murió una década después, a los 82 años. Siempre lamentó haber cerrado el gimnasio.

Las facilidades actuales, las comodidades, la modernidad en sí, deberían significar el surgimiento de muchos valores en el boxeo, quizás no tan grandes como aquellos, pero valores al fin. Pero eso no sucede. La pregunta es: ¿Qué perdimos en el camino?

ENRIQUE SÁNCHEZ

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