FALUCHO LACIAR CONQUISTÓ SOWETO

Hace exactos 35 años Santo Laciar sorprendía a todos al noquear en siete rounds a Peter Mathebula en Sudáfrica, coronándose campeón AMB mosca. El recuerdo de aquella inolvidable gesta en la incomparable pluma de Carlos Losauro y el video de la pelea narrado por Osvaldo Príncipi.

 

Laciar

El momento del final: Peter Mathebula derrotado por Santos Laciar.

Llegó a Johannesburgo con un bolso con ropa deportiva y otro, no muy grande -diría similar-, con un pantalón, una camisa y un saco; nada más. Le sobraba, por todas partes, la ilusión del muchacho del interior que había salido de Huinca Renancó con la única referencia que parecía lejana: Carlos Monzón, como ídolo y campeón de boxeo. Viajé y compartí con Santos Benigno Laciar la pureza del sueño de un joven de 22 años, que había dejado en muy pocas ocasiones su pueblo cordobés, donde nació el 31 de enero de 1959.

En la primera semana, el inolvidable Juan Carlos Lectoure le dio forma a una misión imposible: ganarle en su propia casa al sudafricano Peter Mathebula, el campeón; no es un juego de palabras: la pelea por la corona de los moscas de la AMB se hizo en una cancha de fútbol en el corazón de Soweto, el gueto negro ubicado en las afueras de Johannesburgo, en los cimientos del apartheid; todavía con toque de queda a las seis de la tarde para que los negros dejasen la gran ciudad y volviesen a su refugio, con estrictas y duras penas para aquellos que las transgredieran.

Falucho -le gustaba que así lo llamasen- no estaba muy convencido de su objetivo; en los primeros días había caído en el desencanto y un hombre providencial le cambió el espíritu y el semblante: el médico Roberto Paladino, siempre junto con Lectoure y las empresas mundiales de los boxeadores.

Aquel sábado por la tarde, con sol, ardía el Orlando Stadium, algo así como la cancha de Defensores de Belgrano, con arcos y todo; el ring en el medio y las tribunas repletas; nadie quería perderse a su par, un negro campeón mundial. El gobierno sudafricano, que en aquel entonces tenía a Marais Viljoen como presidente, había armado su propia propaganda: demostrarle al mundo que el trato con los negros era el mejor del planeta.

Laciar infló el pecho y apabulló a Mathebula; lo derribó una y otra vez, lo sacó del ring; lo volvieron a ubicar al sudafricano entre las cuerdas y el árbitro norteamericano, Stanley Berg, no tuvo más remedio: paró el combate en el séptimo asalto. Aquella demora en ponerle fin a tan desigual lucha no fue casual: se esperó que Mathebula estuviese vencido para que sus pares negros -la mayoría en el estadio- no lo viesen derrotado sin haber dejado el último esfuerzo en el ring y evitar -en caso contrario- una reacción de protesta en masa.

El regreso a Johannesburgo fue en un viejo colectivo escolar con una fuerte protección policial, que atravesó las angostas calles de Soweto envueltas en el silencio del crepúsculo y la tristeza de la derrota del muchacho negro que dejó su alma en el ring; su gente lloraba en el costado de las calles; en ese ómnibus iba Laciar, un blanco más que, para ellos, les había robado otra ilusión…

CARLOS LOSAURO (publicado en La Nación 28/3/2006)

BONUS: video del combate relatado por Osvaldo Principi en KO TV (click en la foto)

 

Ko

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