VAYA, RECIBA Y SALGA

Excelente mirada de Andrés Mooney a la anunciada caída de Matías Rueda vs. Oscar Valdez, al que llegó derrotado casi desde el vestuario con un equipo inexperto combate y llevado por un manager que, a cambio de dinero, acepta peleas desiguales.

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Los gimnasios de boxeo suelen ser, además de grandes contenedores de jóvenes en riesgo permanente, lugares propicios para desocupados y jubilados prematuros. La vulnerabilidad que gobierna a chicos que copan miles de clubes a lo largo del país, hace que cualquiera, toalla blanca al hombro, reciba el mote de “profe”.
La falta de apoyo -y, en algunos casos, hasta de afecto- logra que miles de boxeadores tomen por entrenadores, preparadores físicos, asesores, representantes y mánagers, a cualquier hijo de vecino con buenas -o malas- intenciones. El boxeo se vuelve tierra fértil para personas sin preparación, y se subestima a un deporte indescifrable para expertos de café.

Matías Rueda, que hace horas fue noqueado en dos vueltas por Oscar Valdez, afrontó el compromiso más grande de su vida con un equipo inexperto. Luego de haber realizado toda su campaña con Sergio Vega como entrenador principal, en noviembre de 2015 la Cobrita estrenó DT: Francisco Pelusa López, quien comandó la esquina del tandilense en sus dos últimos combates. Sin embargo, ante Valdez lo dirigió Eduardo Tommy Zalazar, quien pese a su trayectoria -analista, escritor, exboxeador y otrora entrenador del seleccionado nacional- comenzó a trabajar con Rueda desde hace sólo dos meses y debutó en su esquina ahora, en el MGM, justo cuando el peleador argentino se jugaba la ficha más importante de su carrera.

Pero la improvisación fue más allá. Porque en el rincón de Rueda estuvo, como entrenador auxiliar, el periodista Guillermo Favale, amigo personal de Mario Margossian, el mánager de la Cobrita. Favale, que debutó en la esquina de Javier Maciel en el Madison, cuando la Bestia venció a Jorge Meléndez en el semifondo de Maravilla-Cotto, quizás sepa tanto de boxeo como el que más, dada su condición de expeleador aficionado. No obstante, cabe preguntarse si esos pergaminos (¿y la amistad con Margossian?) son suficientes para ocupar un rol clave en una pelea de título mundial: el propio Favale aseguró, a fines de 2015, que estaba culminando el curso de entrenador en la Federación Argentina de Boxeo (FAB).

La delegación de Rueda se completó con su preparador físico, Julio Léster; el matchmaker y jefe logístico de Argentina Boxing Promotions, Fabián Martino; y, claro, Margossian. No había, en todo el equipo del argentino, un curaheridas ni un médico. ¿Alguien podría imaginar una delegación con aspiraciones de gloria sin una persona capaz de trabajar sobre un corte?

Al precio que sea

Según datos oficiales, Rueda recibió, por pelear contra Valdez, una bolsa de 30.000 dólares. Cifra a la que, claro está, habrá que sumarle las ganancias por la televisación.

Más allá de las necesidades de cada boxeador, el gran interrogante es: ¿cuánto cuesta una derrota? Es que, a la luz de los resultados de la empresa Argentina Boxing Promotions -que maneja Margossian- en 2016, la caída de Rueda era casi previsible. ¿Por qué? En todas las (desiguales) excursiones fuera del país, sus boxeadores perdieron. En lo que va de este año, la compañía de Mario Margossian no logró ni un triunfo internacional. Con realidades disímiles, todos tuvieron un factor común: se sabía que sus posibilidades de victoria eran escasas.

Cero de seis

Con el de Rueda, los boxeadores representados por Margossian sumaron seis reveses en igual cantidad de presentaciones internacionales. De nuevo: ¿cuánto vale la derrota?

1) En febrero, la uruguaya Chris Namús viajó a Alemania para subir a peso welter y enfrentar a Cecilia Braekhus, una de las mejores campeonas de la actividad. El final estuvo cantado y la colombiana le ganó los 10 rounds que duró la pelea con la mediática charrúa representada por Margossian.

2) El campeón sudamericano mediano, Claudio el Chino Ábalos, fue tentado para, en abril, saltar a supermediano para afrontar un desafío desigual: frente al invicto noqueador Romer Angulo, en Florida. Aunque estuvo por el piso, Ábalos se las ingenió para sobrevivir y cayó dignamente por puntos.

3) El 7 de mayo fue el turno de Cristian Medina, el peso crucero que pasó de nivel de oposición 0 a 10 en un puñado de horas. Maravilla enfrentó al invicto armenio Noel Gevor, el 2º del ranking OMB, en Hamburgo. Luego de 10 vueltas, el argentino perdió en fallo unánime.

4) Daniel Brizuela, que allá lejos y hace tiempo fue una promesa del boxeo argentino, llegó el 29 de mayo al Reino Unido para vérselas ante el local Stephen Smith. Luego de caer dos veces, Tatú perdió por nocaut técnico en el 7º capítulo.

5) La anteúltima lamentable excursión con el sello de Margossian fue la de Ezequiel Maderna en junio, que insólitamente subió de supermediano a mediopesado para chocar contra Artur Beterbiev, el ruso dueño de un porcentaje de nocaut del 100 por ciento y que, como amateur, venció dos veces nada menos que a Sergey Kovalev. Luego de tener una carrera sumamente cuidada, el Olímpico peleó frente al mayor cuco de la división y, como era de esperar, perdió por nocaut en el 4º asalto luego de caer cuatro veces.

ANDRÉS MOONEY
@ANDRESMOONEY

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