CLOROFORMO EN LA GLORIA

Hace exactamente 40 años, el pampeano Miguel Angel Castellini se coronaba campeón del mundo superwelter AMB tras derrotar por puntos al español José Durán en Madrid. Recordamos la gesta de Cloroformo con imágenes del noticiero de TVE de 1976 y la semblanza que hizo de él Enrique Martín en su obra Narices Chatas.

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La tapa de El Gráfico que retrató la coronación de Castellini.

El trasfondo del boxeo también suma su cuota de mitos y de mentiras. Uno dice que Gatica le puso la cara a Ike Williams; otra, que Miguel Ángel Castellini fue un campeón mundial sin suficiente coraje. Nunca se sabe quién inventa las anécdotas o quién establece los parámetros.

A los trece años, Castellini fue casi echado de su casa paterna en Santa Rosa. A los dieciocho se hizo boxeador por necesidad después de probar con mil oficios mal pagados. Siempre solo y al garete, hasta que dos amigos lo adoptaron en La Rioja, y a favor de su imponente físico y sus nudillos blindados, empezó a escalar con altas y tropiezos. Un día de 1970 largó todo y se transformó en un buen disc-jockey trashumante y noctámbulo. Pero el escritor James Baldwin le sugirió un replanteo total con esta frase: “Si piensas que estás vencido es porque lo estás”. Y ahí se produjo un enorme sacudón, tanto que Miguel terminó llenando de adrenalina las boleterías de todos los estadios. A fines del 72 hizo tres peleas en sólo 25 días como fondista del Luna, para noquear con el susto consiguiente a un tembloroso Héctor Palleres, para eyectar (eso, exactamente) del ring al mexicano Soriano y para hacer bolsa con el jamaiquino Donovan.

Ya era Cloroformo, un peleador brilloso e impactante, de medidos silencios, algo irónico, siempre directo. Cuando finalmente se consagró campeón del mundo frente a José Durán en Madrid, la vida pareció pagarle algunas deudas de soledad y reformatorios. Pero no todas.

¿Qué se puede sentir peleando en Managua con un sargento de la siniestra guardia somocista? Pelear en una ciudad devastada por un terremoto que casi la quita del planeta, y donde los buitres del gobierno hurtan la ayuda humanitaria internacional, mientras el hambre se pasea del brazo de las pestes. No es un pretexto, sino una descripción de aquella Nicaragua pre-sandinismo. Miguel peleó mal y perdió. Punto. Y el carpintero Gazo que hasta tuvo que armar el ring en el campo de béisbol- no era tan malo porque después hizo tres defensas en Japón y Corea.

Cuando se volvieron a encontrar, Miguel venía de guapear ante el pronto malogrado Cabral, y quiso despedirse sin la otra espina de su record. Noqueó al sargento en el noveno, y se rue más tranquilo que nunca. Desde ese momento es un próspero trabajador autónomo que no pide favores, como no los pidió cuando prefería evadirse y viajar en vez de robar o drogarse.

Hay pocos mitos que se sostienen en el tiempo. Y muchas mentiras miserables.

ENRIQUE MARTÍN

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El informe de TVE de la pelea (hacer click en la foto para ver el video).

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