LA MADRE DEL BOXEO

Hoy, domingo 16 de octubre, Marcela Acuña festeja por partida doble: en el día de la madre celebró junto con sus hijos Maximiliano y Josué. Por coincidencia, La Tigresa (la madre de todas las boxeadoras) sopló 40 velitas. Un homenaje a la formoseña desde el libro Narices Chatas de Enrique Martín y el link a la película Licencia Número Uno de Matilde Michanie.

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Marcela con su marido Ramón y los hijos Maxi y Josué; una mamá con los guantes bien puestos.

Lo recordamos bien. Fue una soleada tarde, en el despunte de la década del 70. La joven y atractiva jocketta brasileña Suzanna Davis inició el paseo de rigor sobre su pura sangre desde la redonda hasta el comisariato, al tranco el viaje de ida y a galope tendido en el regreso, surcando de curiosidad la recta de Palermo entre sonrisas burlonas, muecas machistas, alguna grosería y y la tímida admiración de pocas señoras y señoritas habitues. Minutos después, la Davis ganaba la carrera a taco y lonja, cómoda sobre la silla de su caballo. Fue el punto de partida. La pica clavada sin retorno. No mucho tiempo después, el 15 de diciembre de 1974, quince amazonas argentinas salían a la misma pista en vuelo de bautismo, orgullosas egresadas de la primera escuela de jinetes maquilladas.

Ganó Isabel Desvard. Y en el cuarto lugar, con un estribo roto y un susto general de película por el extraño accidente, arribó Marina Lezcano, la Muñeca, posterior ganadora de múltiples clásicos y de un fervor popular inextinguible, ajeno al discurso feminista. Así se escribió la historia.

Otra historia parecida comenzó a insinuarse con tanto empuje y decisión la noche en que la formoseña Marcela Acuña -21 años de belleza al natural sin falsas poses- subió a un ring de Miami para debutar como boxeadora profesional frente a la mejor del mundo en ese tiempo. Perdió por puntos ante Christy Martin, pero millones de argentinos detrás de las pantallas, asistieron a un espectáculo sorprendente: la niña litoraleña, más femenina que cien modelos, casada y madre de dos hijos ¡boxeaba mejor que muchos hombres!, conocía bastante más que el abc, era una cosa seria.

En menos de un año, septiembre de 1998, cumplió su segunda presentación, ahora por la corona mundial superligero, sin más preparación que el duro entrenamiento y su pasado de campeona sudamericana de full contact (arte marcial con pies y manos) frente a la paraguaya Graciela Mujica cuando aún no había cumplido los 15. Esta vez en el Foxwood Casino de Connecticut, Estados Unidos, perdió en el quinto ante la holandesa Lucía Rijker, top ten indiscutida, invicta en once salidas. Marcela -ya por entonces La Tigresa- dejó otra vez una estupenda impresión y quedó stand by para sentarse -bien señora- en el trono supergallo y en el pluma. Doble campeona del mundo, sí, pero mucho más que eso: la luchadora gremial más solitaria, la pionera, la distinta. Precursora y reina total, Marcela, licencia número un. ¿Qué más le pediría?

ENRIQUE MARTÍN

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La película Licencia Número Uno de Matilde Michanie (click en la foto para verla).

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