FALLO AUTODESTRUCTIVO

Anoche el boxeo volvió a dar otro golpe contra su credibilidad: Gennady Golovkin y Canelo Álvarez ofrecieron 12 emotivos asaltos por el cetro mediano unificado en los que GGG fue el mejor hombre sobre el ring. Pero los jurados, como se está haciendo costumbre, no respodieron a lo visto en el cuadrilátero y firmaron un empate que huele más a negocio que a justicia.

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Pese al empate, los dos festejaron al final. ¿Habrá revancha?

El boxeo, un deporte que para declarar un vencedor combina la rotundidad, la especulación y la apreciación, tiene un cáncer que puede llegar su fin: sus propios jueces. Actualmente, la adrenalina de un espectador se debate entre el espectáculo que se puede dar en los hipotéticos 36 minutos de acción pautados y la lotería (casual o causal) que ofrece la actuación de los jurados. Y las malas actuaciones de los hombres destinados a dar sentencia no sólo generan desazón entre los espectadores, quienes creen que vieron otra cosa de los que sancionaron los hombres que dan tarjeta, sino que dejan el tufillo de gato encerrado con el sólo objetivo de promover nuevos negocios.

La temporada 2017 viene cargadita de fallos poco creíbles: la injusta victoria inicial de Srisaket Sor Rungvisai ante Román González (refrendada con KO en la revancha), la insólita victoria del camerunés Hassan N’Dam N’Jikam de visitante, en Japón, frente a Ryota Murata o la inexplicable derrota de Manny Pacquiao ante Jeff Horn en Australia. También hubo polémicas por la actuación de los árbitros como en el KOT8 de Andre Ward a Sergey Kovalev, luego de tres golpes antirreglamentarios o en el KO1 de Guillermo Rigondeaux a Moisés Flores, resultado cambiado en los escritorios a sin decisión.

Ese mismo fantasma sobrevoló anoche un T-Mobile Arena de Las Vegas (con sus 22.358 localidades a tope), en el combate en el que Gennady Golovkin expuso el cetro mediano unificado (AMB-CMB-FIB) ante Saúl Álvarez. Una pelea que definía no sólo al mejor hombre de los 72,574 (el peso límite de la división, compartido por ambos peleadores) sino que una eventual posición como el mejor libra por libra.

El combate respondió a las expectativas. Y si bien no ofreció el drama de un nocaut, fue una interesante batalla de estilos que mantuvo en vilo al público. Canelo abrió mejor la pelea, moviendo las piernas y mostrando buen timing para eludir el ataque de GGG y contragolpear con justeza en los tres primeros asaltos. El kazajo, sin la contundencia habitual, a partir del cuarto round estableció el ritmo del combate y se paró a 60 centímetros del mexicano para martirizarlo con el duro jab de izquierda y machacar con una derecha que mezquinó más que en otras peleas (algo que asumió ante la TV). Canelo no tuvo resto físico para aguantar el mano a mano y lo dejó crecer, confiando en sus buenos reflejos (impecable en el visteo) y en alguna contra. Pero después de cada cruce siempre quedó una extra para Golovkin.

Apretado por el trámite, y tras ser conmovido en el octavo y noveno, Álvarez se la jugó en el undécimo y llegó a hacer retroceder a Golovkin en una imagen de carrera poco habitual. Pero hasta allí le llegó el gas y el kazajo cerró la pelea mejor, en plan dominador que le permitió hacer lo necesario para ganar el match. De hecho, la tarjeta de Planeta Boxing lo tenían arriba 116-112.

Pero llegó el momento del suspenso después de la acción. Y los jurados respondieron a las expectativas, tal como habíamos avisado en la previa (ver link): Dave Moretti, un juez afecto a darle una manito al boxeador de la casa, falló un ajustado 115-113 para GGG; Don Trella se lavó las manos con su 114-114 y, fiel a su historial de tarjetas de espalda al cuadrilátero, Adalaide Byrd (cuyo único notable logro es ser la esposa del réferi Robert Byrd) dio un espantoso 118-110 para Canelo (le vio ganar diez de 12 vueltas), a fin de que el tapatío no se fuera derrotado y dejara a Oscar de la Hoya frotándose las manos con el pedido de revancha. Para los papeles, Golovkin salvó el invicto (su historial es de 37-0-1, 34KO) y Álvarez (49-1-2, 34KO) demostró que si bien no pudo ganarle a GGG, tampoco fue arrollado. El que más sufrió fue el boxeo, que recibió otro golpe a su credibilidad.

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Las polémicas tarjetas. En blanco, el increíble 118-110 de Byrd.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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