VICTORIA O JUBILACIÓN

La primera defensa de Lucas Matthysse del cetro welter AMB ante Manny Pacquiao es la clara imagen de dos notables boxeadores que chocan fuera de su momento de esplendor. El almanaque le hace un guiño al patagónico ya que si bien aparece como favorito en las apuestas, el PacMan –con 39 años– ya no brilla por su velocidad centellante y arrastra dudas tras el KO sufrido ante Juan Manuel Márquez en 2012.

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Matthysse y Pacquiao posaron para la prensa en Malasia. El PacMan es favorito 2-1 en las apuestas.

La confianza de un boxeador es una de sus principales armas. Sobre todo, en caso de un noqueador. El hombre de manos duras confía en su poder a toda costa y poco se preocupa de lo que vendrá hasta que llega y algo se quiebra en su interior. La cruda lógica del boxeo hace que casi no haya invictos en ese rubro. Y a los dos personajes de la pelea de fondo en la medianoche del próximo domingo 15 en el Axiata Arena de Kuala Lumpur.

Lucas Matthysse era una de las fuerzas imparables del pugilismo en la segunda década del siglo XXI, un pegador ubicado en el top ten de máximos machacadores sin distinción de categoría. Pero algo de ese delicado equilibrio se quebró en la pelea ante el ucraniano Viktor Postol cuando eligió entre su salud a futuro en lugar de entregarse a la flagelación en nombre del espectáculo. Dos años tardó en sanar sus heridas físicas y anímicas. Volvió y consiguió su triunfo más importante en los papeles: el nocaut al tailandés Tewa Kiram le permitió conseguir la primera faja regular de su carrera (la de peso welter reconocida por la Asociación Mundial de Boxeo) tras ser campeón interino superligero del Consejo Mundial de Boxeo. En los ocho asaltos de combate, La Máquina dejó en claro que no tiene la velocidad de antaño y por momento pareció irresoluto para resolver el boxeo lineal de su longilíneo rival. Pero en cuanto metió la mano a fondo (una de las capacidades que menos corroe el almanaque), mandó a su oponente al hospital para llevar su récord a 39-4-0-1sd (36KO-1PKO).

A los 35 años, el patagónico se enfrentará al rival más encumbrado de su carrera por currículum en la primera defensa del cetro AMB, aunque no el más peligroso. De hecho, Zab Judah, Devon Alexander y Danny García eran escollos más complicados en la previa que el veterano Manny Pacquiao, más allá de que las casas de apuesta pongan al filipino 2-1 arriba en los pronósticos. A los 39 años, el zurdo tagalo no es esa aterradora máquina de lanzar bombas que reinó de manera absoluta en seis categorías, entre mosca y superwelter, capaz de gastar a golpes a tipos de la talla de Erik Morales, Oscar de la Hoya, Ricky Hatton, Miguel Cotto o Antonio Margarito con su combo de velocidad suprema y disparos picantes. Pero aquella impensada contra de derecha del mexicano Juan Manuel Márquez que lo dejó dormido en el piso a finales de 2012 no sólo quebró algo en el interior de Pacquiao, sino que expuso los límites de su humanidad. La vuelta al ring lo mostró sin ese paso al frente arrollador, como si estuviera siempre esperando otra contra letal. Y el paso del tiempo le ha hecho sumar milésimas de segundos a cada movimiento, algo inocuo para cualquier ser humano pero que le pone una navaja en el cuello a un artista del escape por piernas de la zona de fuego, como siempre fue el filipino. Tanto que un boxeador ordinario pero fuerte, como el australiano Jeff Horn, lo dominó y lo venció por puntos en su última presentación, hace un año, para dejarlo con un historial de 59-7-2 (38KO-3PKO).

Si bien las alturas y alcances son similares (Matthysse aventaja sólo en tres centímetros en talla y en cinco en la envergadura de los brazos), se hace difícil pensar que en la capital malaya se vea un combate en la larga distancia. Fiel a su instinto, Pacquiao intentará provocar el roce para imponerse por volumen de disparos y sumar puntos durante 12 rounds. Sus pequeñas ralentizaciones, producto de la ajetreada carrera, son las mejores aliadas de Matthysse, quien debe tener paciencia y realizar un trabajo metódico con el objetivo de hacer pesar su mano de poder. Y liquidar el trabajo en el momento preciso. La victoria le dará a La Máquina más desafíos deportivos y un status de estrella para aspirar a bolsas mejores que los dos millones de dólares que –se especula- debería cobrar por este desafío. Tal como reconoció en la previa, una derrota será el cierre de su carrera deportiva.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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