LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO

La triste derrota de Lucas Matthysse ante Manny Pacquiao generó una catarata de críticas al desempeño del patagónico. Lo preocupante del caso fueron las inexactitudes generadas en medios masivos en las que, con absoluta ligereza, se habló de un posible tongo o de amenazas de muerte, sin pruebas fehacientes. ¿Cuál es el límite a la hora de evaluar la actuación de un boxeador, más allá de su baja performance?

000

La ´derrota de Matthysse ante Pacquiao generó una ola de rumores y críticas despiadadas.

Alejandro Dolina, un inobjetable observador de nuestra realidad, alguna vez explicó que un buen parámetro para medir la decadencia de una sociedad era evaluar la conducta de sus marginales. Palabras más o menos, el Negro afirmaba que el malandra ha ido perdiendo códigos, producto de la decadencia general. “Antes, un coso no afanaba a las viejas o a los pibes. No se robaba en el barrio de uno. Ni siquiera se le pegaba a otro cuando caía”, afirmó en una de sus disquisiciones radiales nocturnas, para graficar la falta de códigos.

Maravillas de los tiempos que corren, el consecuente golpeo a quien cae se ha transformado en un deporte de moda en las redes sociales, con multitud de agravios escudados bajo el feliz anonimato de un perfil online o un ejército de trolls. Algo así le sucedió a Lucas Matthysse, un boxeador que cometió la osadía de no responder a los deseos de tantos que esperaban una victoria ante Manny Pacquiao en su defensa del cetro welter AMB. Se puede saber qué opina Planeta Boxing de lo realizado en el ring montado en el Axiata Arena de la capital malaya solo mirando la crónica sobre su desangelada actuación (ver línk).

No sorprende que lo generado por Matthysse en su última presentación en Kuala Lumpur tuviera como resultante una catarata de memes, burlas y acusaciones veladas. No faltaron análisis biomecánicos de un video casero para evaluar una posible lesión o hasta una descripción de las brujerías que doña Dionesia Dapidran-Pacquiao, la mamá de Manny, le habría hecho al argentino durante el combate con el objeto de limitar su actuación.

Pero en medio de tanta morralla, sobresalen algunos deslices desde los medios. Como la falta de cuidado y oportunismo del portal Big Bang News (ver link) que, fiel a su perfil sensacionalista, se pregunta desde el título: “¿Mattysse (sic) fue amenazado de muerte y por eso le entregó la pelea a Pacquiao?”. Más allá del obvio gazapo inicial del cronista Rafael Saralegui al escribir mal el apellido del personaje central de la nota, en el cuerpo del texto incurre en varias inexactitudes: equivoca la cantidad de hermanos (son cuatro, no diez), falla en el dato estadístico sobre la sequía noqueadora del PacMan y exhibe su impericia boxística al considerar “títulos mundiales” a algunos de los logros sin valor deportivo del filipino. Lo más preocupante es que la hipótesis del título que esgrime el portal que supo fundar Jorge Rial (una supuesta amenaza de muerte a Matthysse), sólo se sustenta a partir de los dichos de “un familiar”, sin dar mayores precisiones. ¿Será alguno de esos seis hijos extra que le suman a la prole de Mario Matthysse y Doris Steinbach?

Más pesadumbre causa releer la reseña que uno de nuestros más notables escribas pugilísticos, como es Ernesto Cherquis Bialo, hizo del combate en Infobae (ver link). Sin ambages, Robinson –tal como se lo conoció en sus épocas doradas en el Gráfico, cuando cimentó su fama periodística desde el ring side del Luna Park– establece desde el inicio que lo de Matthysse no fue una mala performance sino un fraude deportivo. Y en su disquisición afirma que “un cronista que no lo conozca personalmente podría afirmar que se trató de un tongo, que se tiró, que no quiso seguir. Recordemos que fue a exponer su título mundial de peso welter reconocido por la Asociación Mundial de Boxeo. No fue Matthysse el primer boxeador que prefirió abandonar la pelea por impotencia o inferioridad, pero sí fue el único que lo asumió vergonzosamente sin haber hecho ningún esfuerzo, ni haber puesto al servicio del objetivo un mínimo riesgo”, con una ojeriza más propia de un amante despechado que un analista deportivo.

Para poner las cosas en su punto justo, nada mejor que las palabras de Eduardo Lamazón –tal vez el mejor cronista de boxeo en habla hispana del planeta–, quien sin histerias supo poner en su medida las cosas: “¿Cómo entender a un combatiente que está en una lucha en la que no muestra ni el menor deseo de ganar? Eligió rendirse sin luchar y exhibió su impudicia como un trofeo. Hay cosas grandes y cosas chicas en este mundo. Lo de Matthysse fue microscópico” (ver link). Lo de varias periodistas, también.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s