CONFUSIÓN OLÍMPICA

Hoy, el Comité Olímpico Internacional decidió suspender toda relación con la AIBA, la entidad rectora del boxeo en los Juegos. Sin embargo, no puso en duda la presencia del pugilismo en Tokio 2020. ¿Es una medida para sacar del medio al polémico presidente Gafur Rakhimov, acusado de tráfico de drogas, o es para introducir en el juego a la AMB, que ya se candidateó para ser parte de la familia olímpica?

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Pese al documento contra AIBA, el COI confirmó que el boxeo estará en Tokio 2020.

A río revuelto, ¿ganancia de pescadores? Al menos parece ser la intención de quienes están envueltos en el boxeo olímpico, amén de nuevos actores que pretenden sumarse para que algo quede en sus redes. Los históricos cortocircuitos entre el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Asociación Internacional de Boxeo (AIBA), que se iniciaron tras los escandalosos fallos en Seúl 1988 y sobrevolaron la presidencia del pakistaní Anwar Chowdhry en la máxima entidad del pugilismo olímpico entre 1986 y 2006, parecieron relajarse al asumir su sucesor, el taiwanés Wu Ching Kuo. Pero los desmanejos administrativos y el coqueteo con el profesionalismo no sólo le costaron al asiático su permanencia en su sillón, sino que pusieron al deporte a un paso de quedarse afuera tras los JJ.OO. de Río de Janeiro 2016, cuando nuevas decisiones polémicas obligaron a separar a seis jurados durante la competencia y a bajar de sus listas a los otros 30 que tomaron parte de la competencia, una vez que finalizaron los combates en Brasil.

El reemplazante de Wu tampoco trajo paz: se trata del uzbeko Gafur Rakhimov, acusado por diversas agencias gubernamentales de EE.UU. de ser uno de los principales narcotraficantes del planeta (ver link). Rakhimov ocupó interinamente el mando en enero de este año y a comienzos de noviembre se impuso por 86-48 al kazajo Serik Konakbayev, quien había sido vetado por AIBA y logró forzar la elección gracias a una decisión del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS).

Su confirmación como el máximo responsable del pugilismo olímpico, pese a los llamamientos desde el COI, hizo que hoy la Junta Ejecutiva del COI anunciara que inició una investigación sobre AIBA y sus procederes. El comunicado (ver link) avisa sobre la preocupación del COI por la salud financiera de AIBA (“Los auditores de la empresa EY entienden que AIBA no puede mantener ni abrir una cuenta bancaria en Suiza, donde tiene su sede central”), su ética (“La designación de Rakhimov como miembro clave y asociado de una red criminal organizada transnacional por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos crea incertidumbre sobre su papel como presidente de AIBA”), aunque reconoce que en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 no hubo fallos polémicos, así como la política antidopaje de AIBA se adecua a los parámetros de la Asociación Mundial Antidopaje (AMA).

Es por eso que el COI determinó que, mientras dure la investigación, “congelará todos los contactos con AIBA, excepto aquellos en el nivel de trabajo que sean necesarios para implementar las respectivas decisiones”, así como suspenderá “cualquier pago financiero a AIBA, incluidos los pagos directamente relacionados con el boxeo programados por Solidaridad Olímpica hasta que “la Junta Ejecutiva del COI ha revisado y confirmado que está satisfecha con una prueba más de la capacidad de AIBA para continuar como empresa en marcha”. Asimismo le avisa a AIBA que “congelará la planificación del torneo de boxeo olímpico en Tokio 2020, incluido el contacto oficial entre AIBA y el Comité Organizador de Tokio 2020, la venta de boletos, la aprobación e implementación de un sistema de calificación, la planificación de eventos de prueba” y hasta el uso de los anillos olímpicos por parte del boxeo, pero deja en claro que “la Junta Ejecutiva del COI hace todos los esfuerzos para proteger a los atletas y garantizar que se realice un torneo de boxeo en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, independientemente de estas medidas”.

Este último párrafo abre el juego a dos vertientes: o bien el COI está haciendo su última jugada a fondo para sacar del medio a Rakhimov –lo que pondría en la línea sucesoria a Osvaldo Bisbal, expresidente de la FAB y uno de los cinco vicepresidentes de la entidad- o pretende darle la torta olímpica (y el manejo de fondos) a otra entidad.

No en vano la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), la entidad que los Mendoza (padre e hijo) manejan desde 1982 y es célebre por la proliferación de interinatos, supercampeonatos y demás divisiones de coronas, comenzó en 2016 una tarea de lobby ofreciéndose como una opción válida y hasta presentó una carta conjunta con el ucranio Wladimir Klitschko (oro superpesado en Atlanta 1996 además de multicampeón profesional) como una opción para manejar el deporte en los Juegos. De hecho, la AMB dejó a comienzos de mes sus oficinas de Medellín (Colombia) –estrenadas en agosto de 2017- y estableció su base operativa en la Rue du Liseron 7, a menos de un kilómetro de la imponente sede del COI, ubicada en Route de Vidy 11. Claro que, en el camino, hay que pasar por la puerta de Avenue de Rhodanie 54, los cuarteles de AIBA.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

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