MANO A MANO CON EL CHINO

Esta noche, Marcos Maidana debuta oficialmente como promotor organizando el choque de su hermano Fabián ante el venezolano Jaider Parra en Mar del Plata. Notable charla del ex bicampeón mundial con Andrés Vásquez y Juan Trenado para conocer la intimidad de un boxeador que trascendió a su deporte. “No voy a sacarle a un boxeador para ganar más yo”, prometió.

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El Chino hoy pone primera en su nueva empresa (Fernando Massobrio | La Nación)

Un tigre asoma por un costado en el cuello de su camisa blanca. Marcos René Maidana ahora es promotor de boxeo. Dirige el índice varias veces al pequeño auricular en el oído derecho y con un ligero toque atiende una llamada tras otra. El look se completa con una colorida gorra de Versace y una pesada cadena de oro con un particular colgante: un guante enfundado en diamantes. El primer vistazo encaja con cada estereotipo que existe del ambiente boxístico. Pero es curioso, porque la arrogancia que sugiere la imagen no es tal a la hora de hablar.

Ganó varios millones de dólares, especialmente por sus dos últimos combates ante Floyd Mayweather. Ya pasaron más de cuatro años de aquello. Vive bien, aunque al mismo tiempo lo preocupa la lógica que arrastró a muchos otros, que en poco tiempo pasaron de ganar opulentas bolsas a la ruina. “Siempre pienso en eso. Uno ve boxeadores que dos o tres años después del retiro están para atrás. Yo no quiero que me pase. Me siento cómodo porque estoy rodeado de buena gente, que me apoya. Siento que quieren ayudarme”, dice con confianza. Se percibe una intención de apartarse poco a poco de la personalidad retraida que lo acompañó en su tiempo de acción en los rings. Sabe que dependerá mucho de las relaciones públicas en esta nueva etapa. Hoy debutará como organizador de una velada boxística que se realizará en Mar del Plata. Para el comienzo eligió apoyar a su hermano, Fabián, que se medirá en el polideportivo marplatense con el venezolano Jaider Parra.

No es el único emprendimiento que encaró. Cuenta que antes arrendaba campos y tenía un feedlot. Pero los dejó. “Ya no es es tanto negocio”, dice. Ahora está vinculado con un empresario que posee estaciones de servicio. Y cuando se le pregunta si tiene alguna necesidad retruca: “Vos verás cómo estoy…”. Tiene 35 años, una edad en la que muchos de los que se retiraron tuvieron que volver, por cuestiones económicas o por una necesidad de adrenalina. El está firme y muy seguro con su decisión. “Casi todos dicen que se retiran y vuelven. Yo quiero ser el único que cumple. No quiero faltar a mi palabra. Estoy bien. Igual, si estuviera mal, no volvería. Buscaría otros recursos. Tengo otros negocios, otras cosas. Cuando me afirmé bien, me retiré y se acabó. Boxear es algo que quedó atrás”.

Tras el retiro, uno de los momentos en los que recibió mayores críticas fue cuando se hizo pública una foto suya con una pila de dólares, al estilo Mayweather. No reniega de eso, a tal punto que su hijo, Yoyo, le regaló una copia de esa imagen para el protector de su teléfono celular y la tiene a mano. En aquel momento (2016) dijo que era una broma para su rival y pidió disculpas públicamente. Hoy dice que no se trato de una forma de desafiar a su oponente norteamericano ni de hacer ostentación. “Un fan mío, ni siquiera un amigo, me invitó a salir a algún lugar. Le dije que no podía y me contestó: ‘¿Andás seco?’. Yo justo estaba con la plata, me saqué la foto y le dije: ‘Capaz que me alcanza con esto, ¿no?’. Era algo para él, no tenía intenciones de mostrarlo públicamente”. Alguien de su entorno la subió a una cuenta de Twitter y empezaron las críticas. ¿Por qué no explicó esto en los momentos en los que lo cuestionaron? “Nadie me preguntó. Además, no creo que tenga que dar explicaciones. Es mi guita, la gané. Lo que más me importa es que si otros boxeadores ven la foto puedan tenerlo como una motivación, que sepan que pueden llegar a tenerlo”.

–¿No extrañás nada del boxeo?
–Nada. Era un trabajo. Me jubilé, ya pasó la etapa. Sigo viajando, yendo a las peleas, pero sin entrenar ni subir al ring. Las peleas con Mayweather me ayudaron a jubilarme temprano.

–Estás en una historia totalmente distinta a tu carrera como boxeador, ¿qué es lo que más te cuesta?
–Hasta ahora se abrieron todas las puertas donde fuimos a golpear. Estoy contento, porque es algo nuevo para mí y para todo mi equipo, que está compuesto por mi socio José Jaita, mi primo Pileta (Martín Gómez Maidana) y Morresi (Edgardo Rosani, que es el matchmaker). Muchos no me conocen, pero tienen referencias. Saben que somos buena gente. Hay cosas que no me gustan, pero para triunfar hay que intentarlo. Mientras no sea algo grotesco, puedo hacer lo que sea necesario. Aunque tampoco me gustaría estar tener que estar en los medios todo el tiempo, sé que es importante.

–¿Qué hubiese sido de tu vida sin el boxeo?
–Sería un laburante más. Como cualquiera en mi pueblo. A los 15 años empecé a boxear, así que no llegué a pensar nunca si quería algo especial para mi futuro.

–¿Esperabas tanto del boxeo?
–Nunca pensé que iba a llegar a ser campeón. Boxeaba porque me gustaba, lo hacía bien. Encima cuando me tiraron unas monedas, sentí que era un trabajo. Eso me motivó y seguí adelante.

–¿Qué es lo que le transmitís a tus boxeadores como promotor?
–Tenemos una carrera corta y hay que aprovechar lo que se gana. Si hiciste una diferencia, tenés que cuidarla. No podés volver a empezar. Tu físico no aguanta, ya no está cotizado. Hay que cuidarse mucho.

–¿Y qué cosas querés hacer diferete de las que vos viviste en la relación con tus promotores?
–A la mayoría de los promotores que conocí el boxeador no les interesa. No van ni a un entrenamiento al gimnasio. No les importa. Lo único que quieren es que peleen y la guita de la bolsa. Yo creo que el boxeador merece que le den buena comida, traslados, buenas zapatillas… Al boxeador hay que tratarlo como lo mejor. Es el que ponen la cara y el cuerpo. Son los que hacen que los demás ganen plata. Me ha pasado de managers que te hacían sentar en otra mesa cuando iban a comer. Pero te tenés que callar para que nadie se enoje. Algunos los tratan como a la basura. Yo quiero tener lo mismo que tenés vos. Quiero dormir en una habitación igual a la tuya en el hotel y no que me mandes a un sucucho.

–¿Y estás cumpliendo con esto que decís en tu primera experiencia como promotor?
–Mi hermano y el venezolano (Jaider Parra), están en el mismo hotel que nosotros. Un buen hotel. A todos nos gusta la plata. Trabajamos para eso. Pero no voy a sacarle a un boxeador para ganar más yo.

Un campamento estilo Oxnard
Uno de los anhelos del Chino Maidana es poder cambiar los métodos de formación de los boxeadores argentinos. Los que buscan abrirse camino en el plano internacional deben viajar a campamentos en los Estados Unidos. Él, particularmente, trabajó en Oxnard, California. “Con el potencial que tenemos podemos ser una potencia en el boxeo mundial –asegura–. Tenemos boxeadores. Me gustaría poder hacer un campamento como los que hay en los Estados Unidos para entrenar. Falta el apoyo del gobierno, de la gente. Faltan gimnasios. Por eso tenemos que ir a Estados Unidos a hacer carrera”.

–Se dice que allá los boxeadores tienen menos distracciones. Acá, con la familia y las cosas conocidas más cerca, ¿no corren el riesgo de dispersarse?
–Las familias pueden ir a visitarlos al campamento. No están presos. A mí me venía a ver mi familia. No hay dramas. Después, hay que trabajar.

–¿Dónde harías tu campamento?
–Yo entrené varias veces en Córdoba, en Villa Allende. También puede ser Mendoza. Hay lugares muy lindos, mejores que en EE.UU.

–¿No es muy costoso?
–El mayor problema son los sparrings. Allá en los Estados Unidos los sparrings cobran su dinero. Acá todavía queremos que los sparrings trabajen gratis. Y no tenemos todavía las comodidades. A los boxeadores se les dice que en EE.UU. se entrena mejor. Tenés entrenadores y preparadores físicos. Acá también tenés buenos. Es algo que debería armarse de a poco. Yo preferiría que los entrenadores se vengan para acá y no que los boxeadores se vayan allá.

El retiro antes de lo esperado
El final de su carrera se produjo un poco después de cumplir los 31 años. Su último combate fue el 13 de septiembre de 2014 (la segunda derrota por puntos ante Mayweather). Lo que no es tan conocido es que su idea era terminar su carrera un año antes.

“Antes de la pelea con Josesito López (NdeR: 8 de junio de 2013), me abracé con mi primo, con Pileta. Le dije que era la última y me fui a pelear. Y me iba a retirar. Volví a la Argentina pensando que no boxeaba más. Pero no lo dije. Y justo apareció lo de Adrien Broner… y seguí una más. Después, cuando ya estaba todo decidido, apareció Mayweather. Cuando me lo dijeron pensé que me estaban cargando. Era una oportunidad única. Hice una más, y después la segunda”.

Esos dos combates finales generaron mucha repercusión mediática y muchas anécdotas. Algunas que se van conociendo con el tiempo. Uno de los momentos más tensos antes del primer duelo (3 de mayo de 2014) fue el de la elección de los guantes. Cuando el norteamericano vio los elegidos por Maidana explotó: “¡Por cosas como estas mueren los boxeadores!”, gritó.

Hasta hubo rumores de que todo se suspendía todo. El Chino cuenta su versión: “Eran unos Everlast mexicanos que yo siempre usaba. Tocás y sentís los nudillos. Tienen cerda de caballo y poca goma espuma. Cuando él los tocó no quería saber nada. Empezó a decir que había que proteger a los boxeadores. La Comisión de Boxeo dio el OK. El guante era reglamentario. Mayweather dijo que no había pelea. Entonces le pregunté: ¿Cuánto hay? El no iba a suspender la pelea por los guantes. Yo ya tenía el contrato firmado, no perdía nada. El que perdía era él. Así que lo negocié directamente con él. Yo pensé: ¿Y si uso los guantes que quiero y pierdo igual? Mejor usar los que quería él y que me diera una moneda más”.

Había algo especial en la forma de boxear de Maidana. Siempre al frente. ¿Era hambre de gloria? “Yo no sé si era eso. No pensaba ‘si no gano esto no voy a tener para comer’. Yo subía y me transformaba”.

–¿Con Broner fue tu pelea consagratoria?
–No. Para mí fue la de Víctor Ortiz. Venía de perder en Alemania con Andrea Kotelnik y llegué acá con una decepción tremenda. No sabía qué hacer y apareció la oportunidad de Ortiz. Lo empecé a ver por Internet y venía noqueando a todos. Sabía que era mi última oportunidad en el primer nivel. Me fui a Las Vegas sin que nadie confíe en mí. El día de la pelea la gente, las cámaras, todos estaban con él. Yo solo. Me tiró dos o tres veces y terminé ganando. Era como que alguien me levantaba. Por el espíritu de peleador gané esa pelea.

–¿En qué pensabas apenas empezaba un combate?
–Nada más que en pelear. Ir a buscar al rival, la pelea. Yo tenía que atacar para que no me ataquen. Mi única defensa era atacar. Siempre recibía golpes por mi forma de pelear.

–Qué te daba más seguridad, ¿tu mano o saber que podías aguantar cualquier cosa?
–Mi mano. A mí frío, me tocaban el botón y chau. Hasta el tercer round mi mandíbula era de cristal. Pasando eso, entraba en calor y ya está. Que me peguen lo que quieran que voy al frente y no me van a tirar.

ANDRÉS VÁZQUEZ       JUAN MANUEL TRENADO
@ANDRECHOV            @JTRENADO

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