LA CORDURA GANÓ POR KO

Tras siete semanas de duro entrenamiento físico en los Estados Unidos, en los que bajó cerca de 20 kilos –aún le faltaba otros 15 para su mejor peso de pelea–, Marcos Maidana desistió de su absurda idea de regresar al ring a cualquier precio. Andrés Mooney explica por qué privó el sentido común en la decisión del Chino.

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Que 15 millones de dólares por tres peleas –sin detalles de rival, categoría, ni fecha–. Que un choque –con triunfo rápido, casi sin esfuerzos– con Manny Pacquiao. Que la disputa de los directivos de cadenas internacionales de televisión, que rogaban por su firma –por la inmensa cantidad de PPV que generaría su sola presencia en el ring–. Todo eso que leímos durante más de dos meses acaba de esfumarse para, con su estela de humo en el camino, arrojar una cruda y honesta realidad: finalmente, Marcos Maidana no volverá al ring.

El anuncio que el santafesino le hizo el miércoles 24 de abril por la noche en Ezeiza a Jorge Sigüenza, de Fox Sports, le puso fin a una aventura con tintes tan románticos como irresponsables. “Me retiro del boxeo”, sentenció el excampeón mundial AMB superligero y welter, y enterró así su idea de regresar a los cuadriláteros.

Es que -y fue dicho en una columna publicada aquí, y titulada Licencia para matar… o para suicidarse, nadie, en el renovado entorno del Chino, se atrevió a explicarle lo inconveniente que podía resultar volver a calzarse los guantes en tiempo récord después de cinco años de inactividad, tras haber pesado casi 100 kilos y sin un equipo de trabajo sólido.

Fueron ellos los únicos perdedores de esta contienda. Es de ellos el papelón de pretender vender un proyecto sin pies ni cabeza. Y será, también, de quienes lo compraron sin exigir un “tique” a cambio: aquellos que publicaron, textual, lo que les dictaron los valientes asesores/consejeros/ que afrontan negocios con el pellejo ajeno.

Marcos Maidana deberá sentirse orgulloso. Porque cometió el acto más noble que puede realizar un ser humano: intentarlo. Se instaló en Las Vegas y se entrenó durante siete semanas hasta perder casi 20 kilos, pero no pudo. Cuando vio que su cuerpo no respondía, dijo “basta”: a las brutales sesiones de entrenamiento y a los que lo sumergieron en una confusión que, por suerte, había muerto antes de parir.

ANDRÉS MOONEY
@ANDRESMOONEY
@ALAVERADELRING 

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